Tenga cuidado con los estimuladores faciales

Sentado en los estantes de muchas farmacias, encontrará dispositivos eléctricos sin receta conocidos como “estimuladores faciales”. Se comercializan como las próximas soluciones “milagrosas” de estiramiento facial no quirúrgico. Para empezar, esa afirmación parece un poco dudosa, y ahora un estudio realizado sobre dos de estos productos ha descubierto que son bastante inferiores a lo que en realidad dicen hacer. Puede considerar que esta historia corta es una especie de “reloj de mercado”.

Un estimulador facial es otro tipo de producto que asegura prevenir el envejecimiento de su piel. Pero en lugar de una crema a base de nutrientes, te frotas la piel un par de veces al día, esta canaliza la electricidad hacia los músculos de tu rostro. Se ejecuta una batería. Al estimular ciertas áreas de la piel, el dispositivo afirma reafirmar la cara y transformarla en una que parece décadas más joven.

Como alternativa a la cirugía estética invasiva, este dispositivo puede sonar atractivo para mucha gente. Pero, desafortunadamente, quedan muchas preguntas sobre la validez de sus afirmaciones, que no tienen que demostrar su eficacia antes de que lleguen a los estantes (a diferencia de los productos farmacéuticos).

Biológicamente, dicen los investigadores, es difícil ver cómo esto es posible. Y su estudio parece respaldar ese pensamiento. Tomaron 10 adultos que usaron uno de los dispositivos durante cuatro meses consecutivos. Uno de ellos era un estimulador eléctrico de mano que presionas en ciertos puntos de tu rostro. El otro dispositivo era una máscara que usted usa, con los puntos de estimulación ya incorporados para entregar los golpes menores.

Los investigadores incluyeron a un par de cirujanos plásticos profesionales que evaluaron las fotos del antes y el después de los participantes, observando signos de envejecimiento, como las patas de gallo. (A los cirujanos no se les dijo quién recibió qué tratamiento.)

El estudio, impreso recientemente en la revista Archives of Facial Plastic Surgery, concluyó que las personas no mejoraron significativamente su aspecto después de cuatro meses. “Mínimo efectivo” fue como lo expresaron los investigadores. No necesitaron que los cirujanos lo dijeran: los participantes mismos no pudieron ver cambios significativos.

Al principio, algunas personas pensaron que veían una mejora general en su apariencia, pero cuando se les preguntó qué había mejorado específicamente, no pudieron dar ninguna respuesta firme. Este es un signo clave del “efecto placebo” en el que la gente quiere creer que un tratamiento ha funcionado, y su mente cree que sí, aunque sus percepciones sean falsas.

El estudio demuestra que estos estimuladores faciales no están a la par con una cirugía estética facial. Los investigadores no revelaron qué dispositivos usaron, por lo tanto, aunque usted sea libre de usar cualquiera de ellos, aún debe permanecer escéptico ante cualquier reclamo antienvejecimiento que hagan.

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